Música para brujas

martes, 12 de abril de 2011

I wish I was different...

I wish I was different... podría decirlo en castellano pero, por algún motivo, no tiene la misma musicalidad... No sé... para mí, tiene implicaciones distintas que un: desearía ser diferente.

Supongo que esto se debe a la marea mental de idiomas que nadan en mi cabeza... pero no quiero hablar de eso hoy... I wish I was different. I was I didn't care...

Me pasa a menudo que cuando intento hacer introspección nunca llego a ningún lado. Nunca tengo un momento de catarsis. Uno de esos momentos que se describen como un rayo que parte el cielo y hace que lo veas todo con claridad. He tenido momentos así, he visto esos rayos, pero, nunca, nunca cuando los buscaba, nunca cuando estaba haciendo introspección. Supongo que es lo normal, ¿no? O lo irónico, mejor dicho. El hecho de no encontrar respuestas cuando las buscas pero toparte con ellas cuando menos te las esperas...



Hoy, ahora, acabo de tener uno de estos momentos... aunque no ha sido un rayo completo... Bueno, sí, he visto el rayo y la luz, pero esa luz sólo ha iluminado una cosa que siempre está oculta. Vamos, que de buenas a primeras he pensado en algo en lo que no suelo pensar porque es incómodo...

Incómodo como lo son todas las cosas que no me gustan de mí y que están allí. No puedo evitar apartarlas de mi mente y evitarlas, con el fin de aplicar el: ojos que no ven, corazón que no siente.


Pero, soy la mar de consciente que ocultar esas cosas no lleva a nada... que siguen allí... Y estas cosas incómodas están muy bien arraigadas... no basta con podar un poco las hojas superiores... no, hay que cortar el problema de raíz. Pero, ¿habéis intentando arrancar una raíz bien arraigada? Y no estoy hablando de esa cosa blanca y fina que sigue al tallo de una margarita... No, estoy hablando de una buena raíz. Marrón, gruesa, ramificada y extremadamente dura. Puedes tirar y tirar, pero, como atestigua mi (escasa) experiencia en jardinería, no se puede arrancar. Hay que cortar, hay que despedazar, desmembrar... hay que ser un maldito Jack el destripador. Hay que ir por partes y atacar sin cuartel. Y duele. Te sangran las manos, te salen ampollas, se te rasga la piel, por no mencionar la de gusanos, cucarachas y agradables criaturitas que salen de la tierra removida. Y es cansado. Sobre todo es cansado. Es agotador, es extenuante. Te hace desfallecer.

Supongo que no estoy diciendo nada que alguien con dos dedos de frente no sepa pero, creo que es bueno para mí escribir estas cosas, dejar constancia de estos sentimientos... así, aunque luego los entierre, he pegado un buen tirón, he hecho un corte en una de esas putrefactas raíces.

¿Sabéis? Siempre he vendido la idea de que soy algo que no soy. ¿Y sabéis qué? Llevo tantos años con la coraza encima que esta se ha pegado a mi piel y se ha oxidado, está encallada y no sé cómo quitármela. Y por otra parte, me aterra quitármela porque hace tanto tiempo que la llevo que no sé ir sin ella. ¿Cómo se llama esto?

En fin, me voy a dormir. No voy a releer lo que he escrito porque estoy bastante segura que no tiene demasiado sentido.

Alena

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