Música para brujas

sábado, 16 de abril de 2011

Correr...


A principios de julio de 2010 tomé una decisión.
Me miré al espejo un día y me dije a mí misma: "Estás en pésima forma. Tienes que hacer algo más que privarte de comer pasta".
Así que decidí volver a hacer deporte. Como lo del gimnasio ya lo había probado y no me gustaba nada, decidí probar suerte con el "correr". Pensé: "Es el ejercicio más duro que hay, seguro que quemo algo."

Cogí a mi padre por banda (que había sido corredor de maratones) y le pedí que me enseñara a correr. Lo hizo encantado.
El primer día corrimos diez minutos.
Al día siguiente me dolía todo pero salí a correr otra vez. Corrí doce minutos.
Y al día siguiente salí a correr otra vez.

Y así pasó un mes.
Decidí pesarme.
Había subido de peso. Porque claro había cambiado mis flácidas pantorillas con algo que se asemejaba a mosculatura. Y la mosculatura pesa más que la gracia (sí, yo también creo que es injusto).
Pero aún así, me sentía mejor.
Y el poder correr durante treinta, cuarenta, cincueta minutos... una hora... me hacía sentir genial.
Así que seguí corriendo.


Ya han pasado casi diez meses. Y sigo corriendo.
He hecho una carrera y quiero hacer más.
Ahora ya no digo que yo "corro", digo que "hago fondo", "largas distancias" o "atletismo".
¿Y sabéis algo más? Ya no corro para perder peso, mantengo o pierdo peso para poder correr más, mejor y más rápido.

Las vueltas que da la vida... "correr" me ha cambiado.

Y estoy convencida que ahora soy mejor.


Alena



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